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lunes, 1 de noviembre de 2010

Sobre los agujeros negros

Una compañera de facu escribió en su blog algo de una tarde comenzada llena de principios. Una tarde que quiso llenar los espacios de sonido y que, pasando por reflexiones sobre la inmadurez, terminó con la gentileza de un lápiz que se borra.
A mí me pasa lo mismo. Somos muchos en el club. Para entrar, te damos una credencial pretenciosa, te fogueamos con 100-lagartijas-cuerpo-a-tierra y, si llegás a la final, te damos un papel que te acredita como vencedor de la batalla.
Pero en ese laberinto los miembros del club cambian.
Hace un par de semanas, un amigo de mi hermano, pendejo, me pidió consejo sobre si inscribirse en mi facultad o ir al Conservatorio Manuel de Falla... sentí que lo engañaba, que lo estaba atrayendo hacia una trampa mortal al decirle que la facu es mil veces mejor... quizá lo sea, siempre y cuando la sobrevivas lo más invicto posible. Siempre que no pierdas las ganas de hacer música en el camino, la facu lo vale. Sino no.
¿Cómo mantenerse en pie? No lo sé. Atravesando una crisis vocacional de la hostia, no lo sé. Pero algo de la enorme fuerza que antes destinaba a la ingenuidad de toquetear el piano, algo de toda esa energía hoy se pone en decir que a esta batalla la gano como sea. El tema es lo que quede de mí después. Pero sólo sabré si me equivoqué cuando logre transitar lo que queda.
Mi compañera al menos intenta llenar los espacios de sonido. Yo ya ni eso.

martes, 7 de septiembre de 2010

Sobre lo estructural y lo artificial




Soñé que se moría la tía Cristina de Rosario, y que viajaba a esa ciudad junto a mi familia para organizar sus cosas.

Supongo que, cuando una persona muere, lo primero que acusa recibo de la ausencia del dueño de casa son las cosas que se pudren en la heladera. Será por este motivo que, ya en la casa de la tía Cristina, me dirigí directo a la cocina.

Sobre un estante veo unas flores de madera, artificiales pero muy hermosas. Sobre la mesada, diviso una pecera globo con un pececito gordo tipo surubí en miniatura.

De repente el pez gordito, acercándose a la superficie del agua, comienza a mover su boca desesperadamente en busca de alimento.

"¡¡Está muriendo de hambre!!", piensa la tana desesperada y melodramática. Comienzo a buscar frenética. Busco rastros de algún tarrito que se parezca a ésos de alimento para pez. No lo encuentro.

Maconda entonces toma la decisión de prepararle al pobre pececito gordo algo similar al alimento para pez, algo que se le parezca. Comienzo a preparar una vitina. Sentía que el tiempo del pobre pececito se acababa. Boqueaba desesperado del hambre. Todos mis movimientos eran a contrarreloj.


Cuando estoy por terminar la preparación de la vitina, veo de repente el típico salerito con un dibujito de pez. Había encontrado el alimento pero ahora me entraba la duda:
"¿Le doy la sabrosa vitina o esta cosa artificial y seca que es el alimento balanceado? El pobre pececito está moribundo y puede no tener fuerzas para morder el alimento seco"

Opto por tirar sobre la superficie del agua una dosis del alimento balanceado. El pez no se movía. Flotaba inerte sobre el agua. Por un instante morí de pena, cuando de improviso, el pez comenzó a comer.

El alivio y la felicidad de ver al pececito gordo con vida, dieron fin a mi sueño.





PD- Estoy a dieta.

PD2- Autointerpretación del sueño: un episodio onírico con una vasta cantidad de ejemplos sobre la mierda de la comida light, la artificialidad de la delgadez, y el toque ítalo-trágico "me muerooo de hambree, me mueroooo"

PD3: Es la primera vez que la vida me obliga a hacer dieta. Y no paro de hacer un escándalo de ello.

domingo, 13 de junio de 2010

La cama I

Levantarme de la cama es un hecho angustioso por varias razones. Algunas de ellas, las desconozco todavía (e iré intentando hacérselas escupir a mi psicóloga). Otras son... dos:


- Soy de sangre azul, y, por lo tanto, soy menos homeoterma que los demás. In spagnolo: el mundo exterior a las frazadas es hostil porque hace mucho frío (en invierno) o está fuera del alcance del ventilador (en verano)


- Sufro buscando qué ponerme porque ya no uso uniforme. Y no sé por qué carajo no puedo superarlo.

lunes, 31 de mayo de 2010

Duda dolorosa. Introducción


Nunca lo conté acá, no al menos linealmente. Pero algo dije sobre tocar el piano. Y no mucho más.

Tengo fotos a los 8 meses sentada en mi sillita de juguete con los auriculares puestos (éstos más grandes que yo). Tengo foto robando cassettes y un recuerdo sobre el misterio enorme que me generaba el equipo de música. En esa época los equipos de música eran aparatos gigantescos, para los cuales debía construirse un mueble que, a mí, me resultaba colosal. Al año y medio de vida, el único estante a mi alcance era el primero, ahí donde estaban los discos de vinilo. Y hasta hoy guardo en mi memoria esas imágenes: las tapas de los discos de Beethoven y Mozart elegidas por sobre las demás.

Mi mamá cuenta que, de bebé, me llamaba la atención la música de las publicidades de televisión.

En mi casa no había instrumentos musicales. Mi abuela paterna era pianista, y aparentemente una muy buena, pero no llegué a conocerla. Sólo la recuerdo vieja y enferma. Mi vieja estudió piano, pero sus padres nunca pudieron comprarle uno. Hoy por hoy, tengo un primo baterista, dos guitarristas y uno trompetista. Mi viejo decía jocosamente que es "un virus que anda por la familia"

Ya en jardín de cinco, en la salita de música de mi escuela había un piano de cola muy hermoso. Cada vez que ese piano sonaba, yo oscilaba entre la fascinación total y el deseo desmedido de que la maestra me dejase tocarlo. Y eso una vez sucedió: un día la maestra dijo que nos dejaba tocar el piano a todos, sólo si pasábamos ordenadamente de a uno y a condición de que, luego de tocarlo, le explicásemos lo que habíamos hecho...

Y ahí estaba yo, haciendo la fila que iba hacia mi turno de tocar el piano. Mi cabeza estallaba de deseo pero también explotaba de tensión: me sentía presionada a "explicar algo" después de tocar. Pero nunca había tocado un piano en mi vida. No sabía lo que iba a sonar debajo de mis dedos y, por lo tanto, no podía inventar, no podía preparar una explicación a priori. Me enfrentaba a lo imprevisible. Quería lograrlo todo: tener el placer de tocar el piano y quedar como la mejor alumna con la mejor explicación. Así que ahí estaba yo, librando una lucha intestina en mi interior por tenerlo todo. Oscilando entre la impaciencia de que por fin llegase mi turno y la necesidad de tener más tiempo para pensar.

Antes que yo pasaron varios. Todos hacían incoherencias y salían rápido del piano, supongo que frustrados por no haber logrado articular una explicación sobre lo que habían hecho, claro. Y ahí seguía yo esperando, queriendo destacarme, necesitando la atención de la maestra y emanando humito de la cabeza. Hasta que llegó el turno de Adrián, hijo de padre músico y compositor.

Adrián tocó todas las teclas, del grave al agudo. Impuso presencia y, al contrario de los demás, se tomó su tiempo para recorrer todo el teclado. Cuando terminó, y frente a la pregunta de la maestra, dibujó esto:


"seño, yo hice un oso que se fue transformando en pajarito"





Un genio. Lo odié. Lo odié todos estos años hasta ayer. Me robó mi momento. Me robó mi explicación. Derrotada, abandoné mi esfuerzo mental que buscaba un speech y simplemente aguardé mi turno. Vergonzosa y sumisa, toqué teclas aleatorias, y, no queriendo robarle tiempo a la seño, no dije nada y me quedé con ganas de más.


No supe ser como él. No supe imponerme y tomarme mi tiempo para hacer lo que deseaba (que era tocar todas las teclas, pero éramos muchos y eso significaba abusar del permiso para que todos pudiéramos tocar) Por pudor, por escrupulosa y correcta, mi primera experiencia con el piano fue algo así como una relación sexual en donde no acabás y te dejan plantada.


Y todavía sigo buscando ese momento que no fue. Por él sigo en movimiento.


miércoles, 10 de febrero de 2010

Hipérbole

Quelli che mi conoscono... dicen que soy un tanto exagerada. Y por "un tanto" entendemos a sumarle mínimamente un 25% más de sal a lo que actualmente esté diciendo (la idea del porcentaje la puso mi-novio).


Y yo voy a justificarme. Mi ser hiperbólico se debe a:


-Un 10% culpa de Beethoven y su 9na sinfonía metida junto a mí en la panza de mi madre


(un 30% culpa de LA TANADA, desglosada brevemente a continuación):

-Un 10% culpa de mi tía que, por 3min de aire acondicionado apagado dentro del auto... se muere de calor, se muereeee, de calorrrrrrr, ¡¡ay nena por favor encendé el auto!!, me mueroooo, NOS MORIMOS TODOS ACÁÁÁ

-
Otro 10% culpa de la misma clase de tanadas por parte de mi madre (no hay comida para mañana, nos vamos a MORIR DE HAMBRE si no vamos al supermercado YA... claro, mientras mira, por supuesto, el freezer atiborrado de carnes blancas, rojas, verduras congeladas, papas fritas...)

-Otro 10% culpa de mi padre que me decía "yo no sé a quién saliste tan obsesiva", mientras refregaba el piso por tercera vez (hipérbole de disminución) y me explicaba el conflicto shiíta a través de las cruzadas medievales...

-Un 10% culpa de las multinacionales discográficas que lograron hacerme víctima de las "baladas" de "repertorio internacional" (confesión muy cruda, MUY)

-Un 10% culpa de los autos que me frenan a dos metros y me tocan bocina a 90db (¡¡MUERO del susto che!!)

-Un 10% culpa de la inmensidad del mar al que amo con todo mi cuerpo y al cual tengo miedo de ir a morirme.

-Un 10% culpa de todas mis vidas pasadas del siglo XIX.

-Un 10% culpa de mi-novio, el cual se divierte enormemente con ello.

-Un 10% culpa de la ansiedad que me pasa publicidades por abajo de la puerta a-todas-horas-todos-los-días.

-Y un 100% culpa de ser TAN CRONOPIO.

Cortázar-mix (DJ Pío)



El Señor Kim Ki-duc me contó que la lujuria lleva a la necesidad de posesión. Y como AMO a Julio Cortázar voy a robarle impunemente sus frases y voy a hacerlas mías.


Sobre la nostalgia del reino perdido o irte al cielo con tu perro:


"[...]Y no por el Edén, no tanto por el Edén en sí, sino solamente por dejar a la espalda los aviones a chorro (...), el despertar a campanilla, el ajustarse a termómetro y ventosa, la jubilación a patadas en el culo (cuarenta años de fruncir el traste para que duela menos, pero lo mismo duele, lo mismo la punta del zapato entra cada vez un poco más, a cada patada desfonda un momentito más el pobre culo del cajero o del subteniente o del profesor de literatura o de la enfermera), y decíamos que el homo sapiens no busca la puerta para entrar en el reino milenario (aunque no estaría nada mal, nada mal realmente) sino solamente para poder cerrarla a su espalda y menear el culo como un perro contento sabiendo que el zapato de la puta vida se quedó atrás, reventándose contra la puerta cerrada, y que se puede ir aflojando con un suspiro el pobre botón del culo, enderezarse y empezar a caminar entre las florecitas del jardín y sentarse a mirar una nube nada más que cinco mil años, o veinte mil si es posible y si nadie se enoja y si hay una chance de quedarse en el jardín mirando las florecitas."


(Julio Cortázar, Rayuela, cap. 71, "Morelliana")





Soy muy pendeja para encontrar la inmortalidad en el micro o en una tacita de café... así que por lo pronto, ¡¡inyéctenmé tiempo!!


sábado, 16 de enero de 2010

Sobre las amigas

Si no fuera por ellas, no estaría acá tan lúcida escribiendo (bueno, luego de varias copas... lo de "lúcida"... es un decir)
Si no fuera por ellas... seguiría enredada dentro de mis obtusos límites.
Si no fuera por ellas... no me habría reído hasta quién sabe cuándo.
Y a mí que me encanta iniciar al hombre en el mundo femenino: ya célebre es la anécdota de una de mis amigas que confesó LO PEOR en grupo... ella inauguró una tradición, que les contaré luego de la anécdota:
Contó nuestra amiga que, cuando un novio la dejó, y ella no soportaba el perderlo... le rogó que no se fuera. El pibe abrió la puerta y ella... se tiró al piso y se aferró a sus pantorrillas cual tackle de rugby. Él... sacudía su patita como echando a un perrito. Y ella lo contaba haciéndose pis de la risa. riéndose de su "patetismo". Lo pongo entre comillas porque entre nosotras, nuestro código no permite hablar de patetismos. Sabemos que actuamos con el corazón. Siempre. Y ella terminó su relato y se rió. Mucho. Y nosotras no paramos de reír hasta que nos dolió la panza.
Y es al día de hoy en donde el anecdotario ya abultado produce el ritual de exorcizar nuestros demonios, compartirlos y reírnos. Mucho.
El anectodario de cada una de ellas es un mar. Las formas de cada una de ellas son tan diferentes que alcanzan para escribir una enciclopedia de psicología. Las rupturas de cada una de ellas me distraen en sus diferencias con las mías. Y me atrapan en eso tan en común que tenemos todas.
Las amo por estar. Por contenerme. Por distraerme. Por hacerme reír. Por hacerme llorar. Por hacerme pensar. Y por enseñarme a no arrepentirme de ser yo. Gracias amigas!!! Por estar. Por esa inteligencia tan deslumbrante nacida de lo sincero.
Y pasa el tiempo. Las uniones, las rupturas, las maternidades, los laburos, las vidas. Y el encuentro cada vez es más genuino y más pleno.
Las amo amigas.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Sobre los fallidos culebrones

Harto conocido es el momento de la novela en que el galán se confunde y, en medio del beso o del acto amoroso, llama a "la otra" en vez de a la que -en ese mismísimo momento- está compartiendo su existencia con él.

Nunca me pasó, por suerte. Pero... ¿qué hacés si tu novio te llama por el nombre de su ex en medio de una pelea? Sísí, lo que leés. ¡Yo creo que es infinitamente peor!

O sea (opción 1): si mi cara de bruja te hace acordar a la cara de bruja de la anterior ¡nada bueno puede andar rondando por tu cabeza a la hora de "elegir"!

Opción 2: flaco, estás tan hasta las pelotas con el duelo no resuelto de tu ex...

Opción 3: sos un místico y seguís honrando a la bruja inicial; en su memoria, cada vez que aparece nueva bruja, es ritual decir al menos una vez su nombre (en apariencia de fallido pa disimular el rito, ¿vio?)

Una vez un profesor de audio me dijo que lo que nuestra percepción mejor retiene es lo que sucede al principio y al final. Que con lo del medio no pasa mucha naranja. Y quizá por eso meto en el medio a esa opción 2 que me está hinchando las emociones...

lunes, 2 de noviembre de 2009

Exámen

De chica iba a clases de piano e inglés. Siempre recuerdo los nervios, el-nudo-en-la-panza a la hora del examen oral o el concierto público. También recuerdo que con el tiempo aprendí, me endurecí; y ya no temblaba a la hora de comenzar a tocar.
Con los nervios superados se fue también el placer. Es un viaje sin retorno éste de construir la muralla china.
Y por eso andamos hoy buscando terapias freudianas que nos revuelvan el estómago hasta lo más recóndito. Por eso buscamos llorar para mejor. Porque queremos volver a reír. Y nos encontramos dentro de una cárcel creada para no llorar.
El gran premio consiste en sentirme Atenea. Y el de mi hombre en ser un sobreviviente dionisíaco, aunque desde que me conoció dice sentirse Ares.
Busco el amor sin ganas de conocerlo. No le temo. Simplemente perdí la costumbre.

jueves, 29 de octubre de 2009

Sobre las publicidades de shampoo

Para mí el bañarse es un acto de renovación. Tan incorporada tengo esta máxima que, cuando estoy en etapa de resistencia al cambio, se me da por andar esperando más de lo necesario para amigarme con la ducha.

Y cuando digo bañar me refiero también a la lluvia que va limpiando todo a su paso.
Hablo también de la luz diferente que entra por la ventana de un vidrio recién lavado.
Hablo de mi perro que, en los días de mucho calor -aunque no le guste nada ver de cerca la manguera- después del baño se reanima, siente hambre y ganas de correr.

Últimamente andaba con muchas ganas de bañarle las intenciones a mi novio. Nunca se lo dije, pero lo vengo imaginando mojado en mi deseo.

Y claro. Es recién ahora, cuando lo encuentro yéndose a buscar desesperado otro aire y sin ver llover, cuando reacciono y me pregunto si la que necesita un baño no soy yo. Porque de bañarnos juntos por ahora ni hablar.

Igual las ganas que tengo.