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sábado, 16 de enero de 2010

Sobre las amigas

Si no fuera por ellas, no estaría acá tan lúcida escribiendo (bueno, luego de varias copas... lo de "lúcida"... es un decir)
Si no fuera por ellas... seguiría enredada dentro de mis obtusos límites.
Si no fuera por ellas... no me habría reído hasta quién sabe cuándo.
Y a mí que me encanta iniciar al hombre en el mundo femenino: ya célebre es la anécdota de una de mis amigas que confesó LO PEOR en grupo... ella inauguró una tradición, que les contaré luego de la anécdota:
Contó nuestra amiga que, cuando un novio la dejó, y ella no soportaba el perderlo... le rogó que no se fuera. El pibe abrió la puerta y ella... se tiró al piso y se aferró a sus pantorrillas cual tackle de rugby. Él... sacudía su patita como echando a un perrito. Y ella lo contaba haciéndose pis de la risa. riéndose de su "patetismo". Lo pongo entre comillas porque entre nosotras, nuestro código no permite hablar de patetismos. Sabemos que actuamos con el corazón. Siempre. Y ella terminó su relato y se rió. Mucho. Y nosotras no paramos de reír hasta que nos dolió la panza.
Y es al día de hoy en donde el anecdotario ya abultado produce el ritual de exorcizar nuestros demonios, compartirlos y reírnos. Mucho.
El anectodario de cada una de ellas es un mar. Las formas de cada una de ellas son tan diferentes que alcanzan para escribir una enciclopedia de psicología. Las rupturas de cada una de ellas me distraen en sus diferencias con las mías. Y me atrapan en eso tan en común que tenemos todas.
Las amo por estar. Por contenerme. Por distraerme. Por hacerme reír. Por hacerme llorar. Por hacerme pensar. Y por enseñarme a no arrepentirme de ser yo. Gracias amigas!!! Por estar. Por esa inteligencia tan deslumbrante nacida de lo sincero.
Y pasa el tiempo. Las uniones, las rupturas, las maternidades, los laburos, las vidas. Y el encuentro cada vez es más genuino y más pleno.
Las amo amigas.

miércoles, 8 de julio de 2009

Quehacer con un vecino molesto

"Lonelyness gets you eventually you just freak out", me dijo alguien alguna vez. En idioma original.

Y ahora éste viene a tocarme la puerta para pedirme una taza de azúcar. Y yo lo miro con cara de póker.

Juro que nunca seré la vieja chusma del barrio.

domingo, 5 de julio de 2009

Sobre el dar muerte y otros afanes

Si yo enfoco mi mirada sobre el corazón de otro y le tiro un cuchillo, eso automáticamente me coloca en posición de verdugo/loco de mierda y demás etiquetas pasionales. Pero, ah, el cuchillo, la historia del cuchillo es otra, más interesante.

El cuchillo es uno de los objetos más felices que conozco. Yo cuchillo, soy tomado por un ser que me carga de energía, y vuelo como transporte: soy vector y portador de existencia. "Qué importante mi mensaje", me estoy diciendo, justo cuando llego al momento en el que debo cumplir con mi cometido: clavarme. Es allí donde comienza mi identidad como cuchillo propiamente dicho. Entonces cobro vida de la manera más plena.

Ahora, si no me clavo, si la energía de la que me imbuyeron no fue buena, es decir, si me caigo al piso… es ahí donde siento que debería estar hecho de otro material, como para poder hacerme pedazos contra el suelo y encontrar en la muerte el sosiego para la enorme vergüenza de ser tan poco cuchillo. En este caso seguramente volveré al cajón de la cocina; y compartiré la desazón de mi dueño mientras corto caracú para el perro, y envidiaré un poco la vida de mi primo, que es el cuchillo de Iván, el loco del barrio.