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jueves, 3 de noviembre de 2011

Memorándum para mis poquísimos pero hermosos lectores

Como habrán advertido, la que les habla no es una escritora muy prolífica que digamos. Nunca llevé una frecuencia cotidiana de posteos, ni un estilo concreto, ni nada de nada. Por lo tanto, Sr. Google decidió cerrarme la puerta de acceso a este blog hace ya varios meses (por hippie inconstante parece) Se ve que el susodicho Mister G. piensa que uno debe llevar una bitácora de posts de una determinada manera y, si uno no acepta esa bajada de línea, te cierran el espacio.


Oh sorpresa (la que me llevé hoy) cuando, al intentar escribir un comentario acá con mi identidad de Maconda, dudosa de si Mr. G me lo iba a permitir (ya que el acceso a mi propio blog como administradora estaba bloqueado), resulta que, no sólo me permite hacer el comentario con este perfil otrora bloqueado, sino que... ¡logré acceder nuevamente a este blog! Estoy contenta de haber recuperado "La ecléctica", para así hacerme cargo de todas las pavadas que escribí y seguir inundando el ciberespacio de comentarios impropios.


Conclusión: Por primera vez en la vida, ir a contramano de Clarín, Personal, Gugle y Wal Mart tiene su recompensa: ¡aguante Cristina! ¡aguante Capusotto! ¡aguante este blog!


PD: disculpas por la ausencia de discurso artístico, pero escribo rápido antes de que me cierren la puerta de nuevo, no vaya a ser que ésto haya sido sólo un pequeño milagro

lunes, 31 de mayo de 2010

Duda dolorosa. Introducción


Nunca lo conté acá, no al menos linealmente. Pero algo dije sobre tocar el piano. Y no mucho más.

Tengo fotos a los 8 meses sentada en mi sillita de juguete con los auriculares puestos (éstos más grandes que yo). Tengo foto robando cassettes y un recuerdo sobre el misterio enorme que me generaba el equipo de música. En esa época los equipos de música eran aparatos gigantescos, para los cuales debía construirse un mueble que, a mí, me resultaba colosal. Al año y medio de vida, el único estante a mi alcance era el primero, ahí donde estaban los discos de vinilo. Y hasta hoy guardo en mi memoria esas imágenes: las tapas de los discos de Beethoven y Mozart elegidas por sobre las demás.

Mi mamá cuenta que, de bebé, me llamaba la atención la música de las publicidades de televisión.

En mi casa no había instrumentos musicales. Mi abuela paterna era pianista, y aparentemente una muy buena, pero no llegué a conocerla. Sólo la recuerdo vieja y enferma. Mi vieja estudió piano, pero sus padres nunca pudieron comprarle uno. Hoy por hoy, tengo un primo baterista, dos guitarristas y uno trompetista. Mi viejo decía jocosamente que es "un virus que anda por la familia"

Ya en jardín de cinco, en la salita de música de mi escuela había un piano de cola muy hermoso. Cada vez que ese piano sonaba, yo oscilaba entre la fascinación total y el deseo desmedido de que la maestra me dejase tocarlo. Y eso una vez sucedió: un día la maestra dijo que nos dejaba tocar el piano a todos, sólo si pasábamos ordenadamente de a uno y a condición de que, luego de tocarlo, le explicásemos lo que habíamos hecho...

Y ahí estaba yo, haciendo la fila que iba hacia mi turno de tocar el piano. Mi cabeza estallaba de deseo pero también explotaba de tensión: me sentía presionada a "explicar algo" después de tocar. Pero nunca había tocado un piano en mi vida. No sabía lo que iba a sonar debajo de mis dedos y, por lo tanto, no podía inventar, no podía preparar una explicación a priori. Me enfrentaba a lo imprevisible. Quería lograrlo todo: tener el placer de tocar el piano y quedar como la mejor alumna con la mejor explicación. Así que ahí estaba yo, librando una lucha intestina en mi interior por tenerlo todo. Oscilando entre la impaciencia de que por fin llegase mi turno y la necesidad de tener más tiempo para pensar.

Antes que yo pasaron varios. Todos hacían incoherencias y salían rápido del piano, supongo que frustrados por no haber logrado articular una explicación sobre lo que habían hecho, claro. Y ahí seguía yo esperando, queriendo destacarme, necesitando la atención de la maestra y emanando humito de la cabeza. Hasta que llegó el turno de Adrián, hijo de padre músico y compositor.

Adrián tocó todas las teclas, del grave al agudo. Impuso presencia y, al contrario de los demás, se tomó su tiempo para recorrer todo el teclado. Cuando terminó, y frente a la pregunta de la maestra, dibujó esto:


"seño, yo hice un oso que se fue transformando en pajarito"





Un genio. Lo odié. Lo odié todos estos años hasta ayer. Me robó mi momento. Me robó mi explicación. Derrotada, abandoné mi esfuerzo mental que buscaba un speech y simplemente aguardé mi turno. Vergonzosa y sumisa, toqué teclas aleatorias, y, no queriendo robarle tiempo a la seño, no dije nada y me quedé con ganas de más.


No supe ser como él. No supe imponerme y tomarme mi tiempo para hacer lo que deseaba (que era tocar todas las teclas, pero éramos muchos y eso significaba abusar del permiso para que todos pudiéramos tocar) Por pudor, por escrupulosa y correcta, mi primera experiencia con el piano fue algo así como una relación sexual en donde no acabás y te dejan plantada.


Y todavía sigo buscando ese momento que no fue. Por él sigo en movimiento.


miércoles, 10 de febrero de 2010

Hipérbole

Quelli che mi conoscono... dicen que soy un tanto exagerada. Y por "un tanto" entendemos a sumarle mínimamente un 25% más de sal a lo que actualmente esté diciendo (la idea del porcentaje la puso mi-novio).


Y yo voy a justificarme. Mi ser hiperbólico se debe a:


-Un 10% culpa de Beethoven y su 9na sinfonía metida junto a mí en la panza de mi madre


(un 30% culpa de LA TANADA, desglosada brevemente a continuación):

-Un 10% culpa de mi tía que, por 3min de aire acondicionado apagado dentro del auto... se muere de calor, se muereeee, de calorrrrrrr, ¡¡ay nena por favor encendé el auto!!, me mueroooo, NOS MORIMOS TODOS ACÁÁÁ

-
Otro 10% culpa de la misma clase de tanadas por parte de mi madre (no hay comida para mañana, nos vamos a MORIR DE HAMBRE si no vamos al supermercado YA... claro, mientras mira, por supuesto, el freezer atiborrado de carnes blancas, rojas, verduras congeladas, papas fritas...)

-Otro 10% culpa de mi padre que me decía "yo no sé a quién saliste tan obsesiva", mientras refregaba el piso por tercera vez (hipérbole de disminución) y me explicaba el conflicto shiíta a través de las cruzadas medievales...

-Un 10% culpa de las multinacionales discográficas que lograron hacerme víctima de las "baladas" de "repertorio internacional" (confesión muy cruda, MUY)

-Un 10% culpa de los autos que me frenan a dos metros y me tocan bocina a 90db (¡¡MUERO del susto che!!)

-Un 10% culpa de la inmensidad del mar al que amo con todo mi cuerpo y al cual tengo miedo de ir a morirme.

-Un 10% culpa de todas mis vidas pasadas del siglo XIX.

-Un 10% culpa de mi-novio, el cual se divierte enormemente con ello.

-Un 10% culpa de la ansiedad que me pasa publicidades por abajo de la puerta a-todas-horas-todos-los-días.

-Y un 100% culpa de ser TAN CRONOPIO.

jueves, 14 de enero de 2010

Instrucciones para llorar

Lo efímero suele ser bello. Pero debo reconocer que mi intensidad siempre quiso que las cosas bellas duren... alguna vez escuché que "la pasión tiene vocación de continuidad". Hasta que te dejan.
Y acá nos encontramos minovio y yo, comenzando el 2010 para el tujes. Me encuentro con un novio (ahora "ex") que se cansó de mis inseguridades y se va a probar suerte por aguas más tranquilas. Con un ex novio que muy sabiamente decide que estas cuestiones de base -del mambo de cada uno- es mejor verlas con mucho tiempo de maduración, y por separado, como corresponde. Con un ex novio que sabe y quiere preservarse. Y no puedo hacer nada más que callar y contemplar tanta sabiduría, mientras me sueno los mocos con el borde de la remera.
Y acá me encuentro, habiendo madurado ya muchas veces esta inseguridad que me carcome. Y muchas veces, en soledad, la resolví. Pero al volver a estar en pareja el mambo del "soy menos" renace como si nunca se hubiera ido. Una vez más, no supe darle batalla. Ingenua y feliz, descansé sobre sus hombros con la seguridad de que su amor iba a ser el bálsamo que curase esa herida. Porque estoy convencida de que los mambos de relación se resuelven dentro de una relación, y no en soledad. Yo sola me entiendo bárbaro. Y estoy en paz conmigo misma. El tema es cuando se acerca el otro. Cuando me tiembla toda la estantería. Cómo hacemos. Como se hace cuando somos dos.
Tiré demasiado de la cuerda y perdí al alguien más valioso que he encontrado. Y soy muy mala perdedora. Más cuando enfrento el dolor de saber que tenía oro en mis manos y lo convertí en plomo. El autoboicot debe de ser una de las cosas que más duele, te mata.
Así que chicos, les cuento que mi blog vuelve a ser el de siempre. Con la plantilla sin esas fotos que le estaban dando una luz nueva. Las que ya están, quedan. Es un pequeño regalo que elijo quedarme. Para canalizar eso que no quiero dejar ir. Al menos me quedo con tus fotos amor.