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jueves, 28 de enero de 2010

Sobre la libertad I (conyugal)



"Si lo amas, déjalo libre. Y, si vuelve... es tuyo"

Así completaba una
amiga esta benedetta frase popular. Y minovio volvió, pero no de la manera que esperaba.

Volvió para decirme que me ama, pero que el problema de nuestro vínculo era la convivencia. Y, por lo tanto, ya había reservado un alquiler en otro lugar.

Y me cago en esta cosa postmoderna de la actitud mochilera y su "vivamos el momento". Me cago en que la falta de compromiso hoy se disfrace de "libertad". Me cago en el autoengaño de los que creen que son más libres por vivir solos o hacer alguna locura de fin de semana.

Para mí, el verdadero desafío de la libertad es ser dos por elección y saber conservar ese espacio que es mío.

Un significado más cerquita de la palabra "libertad" es saber vivir con el otro. Es querer vivir con el otro. Ahí está la libertad, en el elegir vivir de a dos (y no juntarse o irse por descarte, por miedo, por emparchar algo, porque te asustaste y no te queda otra)

Y me cago en esta puta sociedad de consumo que ha perdido viejos valores y que divide aguas para que consumamos doble.

Pero no puedo cagarme en minovio, porque, simplemente, lo amo. Así que acá estamos "viendo que pasa" y con un patético "vivamos el momento"

viernes, 4 de diciembre de 2009

Sobre cómo vender los ideales y/o ser hijo de su propio Zeitgeist



... Recién cumplí un rito que viene haciéndose mensual: navegar por aguas bloggeras y hacer click en "seguir" frente a la gente que me gusta/interesa. Y puedo decir que hoy me encontré con gente muy pero muy bella. Y, en medio de tanta belleza descubrí que todos, pero ABSOLUTAMENTE TODOS los bellos hacen (mucho) uso de la imagen... ¡¡¡y yo quiero pertenecer che!!! Aunque...
... les cuento que casi sin querer, mi propia idiosincracia viene declarándole la guerra a los ojos; y, en voz bajita, vengo enarbolando la bandera de los oídos, la nariz y la piel. Es por eso que mi blog no es amante de las fotos, ni tiene una súper plantilla, ni -mucho menos- la más mínima intención de diseño visual.

Pero hoy siento que no puedo pecar de ignorancia estética y debo jugármelas un poquito (que vivimos inmersos en este zeitgeist de la estetización visual de las experiencias), y me dieron ganas de pertenecer a la comunidad movistar, así que vendo mi alma al diablo... de a poquito iré meditando cómo carajo hago para diseñar mi cajoncito virtual y dialogar con algunas imágenes también. Porque lo que no puedo negar, es el enorme placer que he sentido frente a varias fotos que acabo de ver.

Soy vouyeur: no saco fotos, no me gusta. Amo mirar las imágenes de otros. Y si, bajo el efecto de algún estupefaciente se me da por agarrar la cámara y sale algo digno, con bombos y platillos anunciaré que la imagen fue tomada por muá. Mientras tanto, aviso que todas las imágenes por aparecer son de mi novio, que todavía gusta de mirar(me) gracias a algún milagro cósmico.

Acá les dejo entonces una imagen de la Comunidad Móvil (perdón, pero no puedo mostrar mi belleza sin antes rezongar un poco)





(Minovio: "Cuaderno de visitas de la Catedral Metropolitana de La Plata")

viernes, 20 de noviembre de 2009

El cuco

Cuando luchaba contra el cuco, para que sea de igual a igual, Adriana se volvía un monstruito. Una cosa verde y pegajosa que iba transformándose en lo que hoy es: un minotauro bestial.

Tantas batallas contra ese cuco, y Adriana ya perdía su color verde y ya era rojo.

Hoy, contener el derrame; pero la historia siempre marcó que las debacles son tan inminentes como inexorables.

domingo, 5 de julio de 2009

Los devenires de la ecléctica

Desde tiempos inmemoriales, las cosas de mi mundo circundante se manejaron a su antojo. Yo no manejo el tiempo, él hace lo que quiere conmigo. Yo lo dejo pasar y, mientras lo acaricio, voy eligiendo nombres para mis objetos más preciados. Hasta mi perro (figura del acatamiento si la hay), se va adonde le place y vuelve cuando le pinta.

Los devenires toman misteriosos caminos -que uno hace como que no elige-, y se los encuentra de repente a la vuelta de la esquina. Y a veces me gusta que así sea. Y a veces, otras, me dan ganas de llorar y sonarme los mocos con el vestidito que usaba a los cinco. Pero, mientras tanto, el escribir sobre ellos, sobre todos los significantes que me susurran despacito, es el único medio del que puedo valerme para intentar escapar de este destino de cronopio angustiado porque sólo hay sándwiches de queso en mi mochila.

Y, buscando el jamón que quiero agregarle, me encuentro en esta situación de videoclub: una obra diferente surge a cada momento. Todo depende del estado de ánimo y las influencias del día: hoy quiero ver una de terror, mañana la comedia romántica más neoyorquina del mundo. "El que mucho abarca, poco aprieta" solía mortificarme mi madre. Y al que le gusta un poquito de cada cosa, suele pasarle de quedar en el medio de todo...

Pero no le temo al medio, sólo le temo al que no comprende que hoy defiendo a muerte una palabra y mañana a otra. Al que quiere que todo sea de un solo color. Al radical unívoco. Porque yo soy radical pero de cada color, y para todos por igual. Y el tono es el mismo porque es mío.

Alguien me chusmeó que Cortázar dijo algo así como "lo peor del mundo del futuro, es que será un mundo para todos los gustos". Y acá estamos, hijos de lo multi-, de lo inter-... Y al que no le guste que no joda.