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martes, 15 de febrero de 2011

Sobre las razones para ocultarse

Mucho tiempo sin escribir (a lo que hoy solemos considerar "mucho tiempo", bah). Será que alguna crisis, será que por necesidad de fluir fácil me estoy repartiendo en otro blog. Será que no me dieron bola en la cronoencuesta y ando tal como cronopio pinchado. Será que lo ecléctico no existe (todo bloggero que se precie de tal cuida -como puede- el perfil de su blog.

Bah.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Sobre los agujeros negros

Una compañera de facu escribió en su blog algo de una tarde comenzada llena de principios. Una tarde que quiso llenar los espacios de sonido y que, pasando por reflexiones sobre la inmadurez, terminó con la gentileza de un lápiz que se borra.
A mí me pasa lo mismo. Somos muchos en el club. Para entrar, te damos una credencial pretenciosa, te fogueamos con 100-lagartijas-cuerpo-a-tierra y, si llegás a la final, te damos un papel que te acredita como vencedor de la batalla.
Pero en ese laberinto los miembros del club cambian.
Hace un par de semanas, un amigo de mi hermano, pendejo, me pidió consejo sobre si inscribirse en mi facultad o ir al Conservatorio Manuel de Falla... sentí que lo engañaba, que lo estaba atrayendo hacia una trampa mortal al decirle que la facu es mil veces mejor... quizá lo sea, siempre y cuando la sobrevivas lo más invicto posible. Siempre que no pierdas las ganas de hacer música en el camino, la facu lo vale. Sino no.
¿Cómo mantenerse en pie? No lo sé. Atravesando una crisis vocacional de la hostia, no lo sé. Pero algo de la enorme fuerza que antes destinaba a la ingenuidad de toquetear el piano, algo de toda esa energía hoy se pone en decir que a esta batalla la gano como sea. El tema es lo que quede de mí después. Pero sólo sabré si me equivoqué cuando logre transitar lo que queda.
Mi compañera al menos intenta llenar los espacios de sonido. Yo ya ni eso.

martes, 7 de septiembre de 2010

Sobre lo estructural y lo artificial




Soñé que se moría la tía Cristina de Rosario, y que viajaba a esa ciudad junto a mi familia para organizar sus cosas.

Supongo que, cuando una persona muere, lo primero que acusa recibo de la ausencia del dueño de casa son las cosas que se pudren en la heladera. Será por este motivo que, ya en la casa de la tía Cristina, me dirigí directo a la cocina.

Sobre un estante veo unas flores de madera, artificiales pero muy hermosas. Sobre la mesada, diviso una pecera globo con un pececito gordo tipo surubí en miniatura.

De repente el pez gordito, acercándose a la superficie del agua, comienza a mover su boca desesperadamente en busca de alimento.

"¡¡Está muriendo de hambre!!", piensa la tana desesperada y melodramática. Comienzo a buscar frenética. Busco rastros de algún tarrito que se parezca a ésos de alimento para pez. No lo encuentro.

Maconda entonces toma la decisión de prepararle al pobre pececito gordo algo similar al alimento para pez, algo que se le parezca. Comienzo a preparar una vitina. Sentía que el tiempo del pobre pececito se acababa. Boqueaba desesperado del hambre. Todos mis movimientos eran a contrarreloj.


Cuando estoy por terminar la preparación de la vitina, veo de repente el típico salerito con un dibujito de pez. Había encontrado el alimento pero ahora me entraba la duda:
"¿Le doy la sabrosa vitina o esta cosa artificial y seca que es el alimento balanceado? El pobre pececito está moribundo y puede no tener fuerzas para morder el alimento seco"

Opto por tirar sobre la superficie del agua una dosis del alimento balanceado. El pez no se movía. Flotaba inerte sobre el agua. Por un instante morí de pena, cuando de improviso, el pez comenzó a comer.

El alivio y la felicidad de ver al pececito gordo con vida, dieron fin a mi sueño.





PD- Estoy a dieta.

PD2- Autointerpretación del sueño: un episodio onírico con una vasta cantidad de ejemplos sobre la mierda de la comida light, la artificialidad de la delgadez, y el toque ítalo-trágico "me muerooo de hambree, me mueroooo"

PD3: Es la primera vez que la vida me obliga a hacer dieta. Y no paro de hacer un escándalo de ello.

viernes, 16 de julio de 2010

Sobre la mentira




La concepción que la mayoría de los mortales tenemos sobre la mentira, se basa en su condición de ser ajena a uno. Y, si bien sabemos que a veces las peores mentiras nacen bien adentro de uno mismo, en general nuestra primera reacción frente a la idea del mentir es patear la pelotita hacia otros lares.

Este inconsciente colectivo mentiroso, se expresa de mil maravillas en estos clichés de barrio: "ay, ¡¡pero qué barbaridá!!", o bien "¡cosa de no creer!". Clichés, por otra parte, que van generalmente acompañados de cara de consternación, estupefacción y... falsedad, es decir, más mentira.

Pero lo peor de este verbo es que ni bien se constituye el "yo miento", se teje una especie de magma devoradora en donde todo empieza a caer dentro de ese agujero negro. Digamos que está quién miente, y quien acepta ser mentido. Y en esta relación bien dialéctica nace LA mentira.

Por más que deseemos ser esos seres tan pensantes, sinceros y honestos... acá tenemos a Maconda en sesión con su psicóloga:



Maconda: me quedé sin cigarrillos, ¿no me convidás uno?

Psicóloga: sí, como no. Tomá (alcanza un atado de cigarrillos a Maconda)

M: (observando que dentro del atado quedan sólo dos cigarrillos) Pero no te queda casi ninguno...

P: nono, tengo más, no te hagas problema,

M: mmm, ¿tenés más? ¿seguro?

Psicóloga: ¿vos pensás que yo te miento?

domingo, 13 de junio de 2010

La cama I

Levantarme de la cama es un hecho angustioso por varias razones. Algunas de ellas, las desconozco todavía (e iré intentando hacérselas escupir a mi psicóloga). Otras son... dos:


- Soy de sangre azul, y, por lo tanto, soy menos homeoterma que los demás. In spagnolo: el mundo exterior a las frazadas es hostil porque hace mucho frío (en invierno) o está fuera del alcance del ventilador (en verano)


- Sufro buscando qué ponerme porque ya no uso uniforme. Y no sé por qué carajo no puedo superarlo.

lunes, 31 de mayo de 2010

Duda dolorosa. Introducción


Nunca lo conté acá, no al menos linealmente. Pero algo dije sobre tocar el piano. Y no mucho más.

Tengo fotos a los 8 meses sentada en mi sillita de juguete con los auriculares puestos (éstos más grandes que yo). Tengo foto robando cassettes y un recuerdo sobre el misterio enorme que me generaba el equipo de música. En esa época los equipos de música eran aparatos gigantescos, para los cuales debía construirse un mueble que, a mí, me resultaba colosal. Al año y medio de vida, el único estante a mi alcance era el primero, ahí donde estaban los discos de vinilo. Y hasta hoy guardo en mi memoria esas imágenes: las tapas de los discos de Beethoven y Mozart elegidas por sobre las demás.

Mi mamá cuenta que, de bebé, me llamaba la atención la música de las publicidades de televisión.

En mi casa no había instrumentos musicales. Mi abuela paterna era pianista, y aparentemente una muy buena, pero no llegué a conocerla. Sólo la recuerdo vieja y enferma. Mi vieja estudió piano, pero sus padres nunca pudieron comprarle uno. Hoy por hoy, tengo un primo baterista, dos guitarristas y uno trompetista. Mi viejo decía jocosamente que es "un virus que anda por la familia"

Ya en jardín de cinco, en la salita de música de mi escuela había un piano de cola muy hermoso. Cada vez que ese piano sonaba, yo oscilaba entre la fascinación total y el deseo desmedido de que la maestra me dejase tocarlo. Y eso una vez sucedió: un día la maestra dijo que nos dejaba tocar el piano a todos, sólo si pasábamos ordenadamente de a uno y a condición de que, luego de tocarlo, le explicásemos lo que habíamos hecho...

Y ahí estaba yo, haciendo la fila que iba hacia mi turno de tocar el piano. Mi cabeza estallaba de deseo pero también explotaba de tensión: me sentía presionada a "explicar algo" después de tocar. Pero nunca había tocado un piano en mi vida. No sabía lo que iba a sonar debajo de mis dedos y, por lo tanto, no podía inventar, no podía preparar una explicación a priori. Me enfrentaba a lo imprevisible. Quería lograrlo todo: tener el placer de tocar el piano y quedar como la mejor alumna con la mejor explicación. Así que ahí estaba yo, librando una lucha intestina en mi interior por tenerlo todo. Oscilando entre la impaciencia de que por fin llegase mi turno y la necesidad de tener más tiempo para pensar.

Antes que yo pasaron varios. Todos hacían incoherencias y salían rápido del piano, supongo que frustrados por no haber logrado articular una explicación sobre lo que habían hecho, claro. Y ahí seguía yo esperando, queriendo destacarme, necesitando la atención de la maestra y emanando humito de la cabeza. Hasta que llegó el turno de Adrián, hijo de padre músico y compositor.

Adrián tocó todas las teclas, del grave al agudo. Impuso presencia y, al contrario de los demás, se tomó su tiempo para recorrer todo el teclado. Cuando terminó, y frente a la pregunta de la maestra, dibujó esto:


"seño, yo hice un oso que se fue transformando en pajarito"





Un genio. Lo odié. Lo odié todos estos años hasta ayer. Me robó mi momento. Me robó mi explicación. Derrotada, abandoné mi esfuerzo mental que buscaba un speech y simplemente aguardé mi turno. Vergonzosa y sumisa, toqué teclas aleatorias, y, no queriendo robarle tiempo a la seño, no dije nada y me quedé con ganas de más.


No supe ser como él. No supe imponerme y tomarme mi tiempo para hacer lo que deseaba (que era tocar todas las teclas, pero éramos muchos y eso significaba abusar del permiso para que todos pudiéramos tocar) Por pudor, por escrupulosa y correcta, mi primera experiencia con el piano fue algo así como una relación sexual en donde no acabás y te dejan plantada.


Y todavía sigo buscando ese momento que no fue. Por él sigo en movimiento.


martes, 9 de febrero de 2010

Sobre las proyecciones...



Un chat actualmente en curso con mi amiga de fierro Stella viene a motivar el siguiente post, que paso a subtitular acá:

"Y dicen que las complicadas somos nosotras..."


(Situación1)
Flaco: decís que después de tanto quilombo tenés la absoluta certeza de que querés estar conmigo, pero que a su vez necesitás "tu espacio", y llevás a cabo tu concepto de la espacialidad yéndote a vivir a otro lugar y...
... te terminás quedando a dormir todas las noches en casa y tus días no son otra cosa más que seguir estando... en casa.

(Por consecuencia... Situación2)
Flaco: te pongo los puntos y te pido que te hagas cargo de tu absoluta decisión de ejercer tu nueva casa... y te ponés como loco. Te aclaro que la cosa no es una nueva ruptura, sino un simple ser coherente con tu nuevo lugar: que te quedes un poco más allá y menos acá, ya que esa era la idea, viste...
...y me terminás diciendo que "está bien", que te vas a quedar un poco más en tu nueva casa "por mí". Y su dixit de remate: "porque-vos-me-lo-pedís-aunque-no-es-lo-que-yo-quiero"...


WTF???


Y yo era la que se mataba a meas culpas, la que había arruinado la relación por "esas cosas que no me cerraban y todo ese enrosque"...

Alguien que le saque el espejo a ese chico por favor, ¡que yo lo quiero y no puedo ser tan mala!

jueves, 28 de enero de 2010

Sobre la libertad I (conyugal)



"Si lo amas, déjalo libre. Y, si vuelve... es tuyo"

Así completaba una
amiga esta benedetta frase popular. Y minovio volvió, pero no de la manera que esperaba.

Volvió para decirme que me ama, pero que el problema de nuestro vínculo era la convivencia. Y, por lo tanto, ya había reservado un alquiler en otro lugar.

Y me cago en esta cosa postmoderna de la actitud mochilera y su "vivamos el momento". Me cago en que la falta de compromiso hoy se disfrace de "libertad". Me cago en el autoengaño de los que creen que son más libres por vivir solos o hacer alguna locura de fin de semana.

Para mí, el verdadero desafío de la libertad es ser dos por elección y saber conservar ese espacio que es mío.

Un significado más cerquita de la palabra "libertad" es saber vivir con el otro. Es querer vivir con el otro. Ahí está la libertad, en el elegir vivir de a dos (y no juntarse o irse por descarte, por miedo, por emparchar algo, porque te asustaste y no te queda otra)

Y me cago en esta puta sociedad de consumo que ha perdido viejos valores y que divide aguas para que consumamos doble.

Pero no puedo cagarme en minovio, porque, simplemente, lo amo. Así que acá estamos "viendo que pasa" y con un patético "vivamos el momento"

jueves, 14 de enero de 2010

Instrucciones para llorar

Lo efímero suele ser bello. Pero debo reconocer que mi intensidad siempre quiso que las cosas bellas duren... alguna vez escuché que "la pasión tiene vocación de continuidad". Hasta que te dejan.
Y acá nos encontramos minovio y yo, comenzando el 2010 para el tujes. Me encuentro con un novio (ahora "ex") que se cansó de mis inseguridades y se va a probar suerte por aguas más tranquilas. Con un ex novio que muy sabiamente decide que estas cuestiones de base -del mambo de cada uno- es mejor verlas con mucho tiempo de maduración, y por separado, como corresponde. Con un ex novio que sabe y quiere preservarse. Y no puedo hacer nada más que callar y contemplar tanta sabiduría, mientras me sueno los mocos con el borde de la remera.
Y acá me encuentro, habiendo madurado ya muchas veces esta inseguridad que me carcome. Y muchas veces, en soledad, la resolví. Pero al volver a estar en pareja el mambo del "soy menos" renace como si nunca se hubiera ido. Una vez más, no supe darle batalla. Ingenua y feliz, descansé sobre sus hombros con la seguridad de que su amor iba a ser el bálsamo que curase esa herida. Porque estoy convencida de que los mambos de relación se resuelven dentro de una relación, y no en soledad. Yo sola me entiendo bárbaro. Y estoy en paz conmigo misma. El tema es cuando se acerca el otro. Cuando me tiembla toda la estantería. Cómo hacemos. Como se hace cuando somos dos.
Tiré demasiado de la cuerda y perdí al alguien más valioso que he encontrado. Y soy muy mala perdedora. Más cuando enfrento el dolor de saber que tenía oro en mis manos y lo convertí en plomo. El autoboicot debe de ser una de las cosas que más duele, te mata.
Así que chicos, les cuento que mi blog vuelve a ser el de siempre. Con la plantilla sin esas fotos que le estaban dando una luz nueva. Las que ya están, quedan. Es un pequeño regalo que elijo quedarme. Para canalizar eso que no quiero dejar ir. Al menos me quedo con tus fotos amor.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Sobre cómo vender los ideales y/o ser hijo de su propio Zeitgeist



... Recién cumplí un rito que viene haciéndose mensual: navegar por aguas bloggeras y hacer click en "seguir" frente a la gente que me gusta/interesa. Y puedo decir que hoy me encontré con gente muy pero muy bella. Y, en medio de tanta belleza descubrí que todos, pero ABSOLUTAMENTE TODOS los bellos hacen (mucho) uso de la imagen... ¡¡¡y yo quiero pertenecer che!!! Aunque...
... les cuento que casi sin querer, mi propia idiosincracia viene declarándole la guerra a los ojos; y, en voz bajita, vengo enarbolando la bandera de los oídos, la nariz y la piel. Es por eso que mi blog no es amante de las fotos, ni tiene una súper plantilla, ni -mucho menos- la más mínima intención de diseño visual.

Pero hoy siento que no puedo pecar de ignorancia estética y debo jugármelas un poquito (que vivimos inmersos en este zeitgeist de la estetización visual de las experiencias), y me dieron ganas de pertenecer a la comunidad movistar, así que vendo mi alma al diablo... de a poquito iré meditando cómo carajo hago para diseñar mi cajoncito virtual y dialogar con algunas imágenes también. Porque lo que no puedo negar, es el enorme placer que he sentido frente a varias fotos que acabo de ver.

Soy vouyeur: no saco fotos, no me gusta. Amo mirar las imágenes de otros. Y si, bajo el efecto de algún estupefaciente se me da por agarrar la cámara y sale algo digno, con bombos y platillos anunciaré que la imagen fue tomada por muá. Mientras tanto, aviso que todas las imágenes por aparecer son de mi novio, que todavía gusta de mirar(me) gracias a algún milagro cósmico.

Acá les dejo entonces una imagen de la Comunidad Móvil (perdón, pero no puedo mostrar mi belleza sin antes rezongar un poco)





(Minovio: "Cuaderno de visitas de la Catedral Metropolitana de La Plata")

viernes, 20 de noviembre de 2009

El cuco

Cuando luchaba contra el cuco, para que sea de igual a igual, Adriana se volvía un monstruito. Una cosa verde y pegajosa que iba transformándose en lo que hoy es: un minotauro bestial.

Tantas batallas contra ese cuco, y Adriana ya perdía su color verde y ya era rojo.

Hoy, contener el derrame; pero la historia siempre marcó que las debacles son tan inminentes como inexorables.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Exámen

De chica iba a clases de piano e inglés. Siempre recuerdo los nervios, el-nudo-en-la-panza a la hora del examen oral o el concierto público. También recuerdo que con el tiempo aprendí, me endurecí; y ya no temblaba a la hora de comenzar a tocar.
Con los nervios superados se fue también el placer. Es un viaje sin retorno éste de construir la muralla china.
Y por eso andamos hoy buscando terapias freudianas que nos revuelvan el estómago hasta lo más recóndito. Por eso buscamos llorar para mejor. Porque queremos volver a reír. Y nos encontramos dentro de una cárcel creada para no llorar.
El gran premio consiste en sentirme Atenea. Y el de mi hombre en ser un sobreviviente dionisíaco, aunque desde que me conoció dice sentirse Ares.
Busco el amor sin ganas de conocerlo. No le temo. Simplemente perdí la costumbre.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Sobre lo cíclico y otros afanes del yo en el amor

Leyendo el último post de mi amiga Mine... su corazón roto contagió al mío. Y recordé. Un recuerdo ayudado por signos que se fueron alojando con cada ruptura en mi cada vez más duro corazón. "Te di un personaje", dice ella. Y cuántos personajes otorgué yo en nombre del autoboicot que borro convenientemente cuando tengo ganas de seguir serruchándome el piso yo solita.

Algunas personas, como yo, hacen entrega, junto con las llaves del corazón, de un diminuto papelito que dice algo así como "vendo alma buen estado: permuto por lugar chiquito vaya a saber dónde (donde vos quieras ponerme)"

Es una cuestión del débil y el fuerte. Un juego de roles donde siempre creí que el amor no tenía lugar, pero al final parece que sí. Cómo se mueve ahí en el medio, no lo sé. Pero juega. Juega al balero y va y viene en el aire. Juega con la ilusión de la entrega y del milagro. Pero en este momento nuestro vacío de utopías, el milagro toma el nombre del fuerte, del que se hace lugar a empujones. Del que desea con ambición.

Y para los que vivimos entregando papelitos y almas, nos queda sólo el momento de recuperarnos a empujones, a fuerza de imitar la idea de los siempre ganan... resentimiento primero: "odio a los que emPUJAN, no hay necesidad, ¡¡¡pero nadie parece entenderlo!!!". Victimización paródica del genio incomprendido, segundo: "él no me entiende/el mundo no me entiende". Autorreproches y agudísimas autocríticas en tercer lugar, dan luego espacio a una paz narcisista que, por suerte, te susurra al oído:

"Soy una diosa, ME quiero"