sábado, 10 de julio de 2010

Sobre el amor a los maestros... y el amor a los alumnos


Tengo una alumnita de piano. Se llama Agustina y comenzó su camino en la música a la misma edad en la que lo hice yo: a los 8. Soy su primera profesora. Y ella es mi primera alumnita.

Fue en nuestro primer encuentro, el año pasado: estábamos las dos ansiosas. Al abrir la tapa del piano, sus ojos enormes se agrandaron y, sin pedir permiso, colocó sus manitos sobre el teclado. Lo hizo con una naturalidad tan enorme que ahí la que agrandó su mirada fui yo.

Venimos viendo acordes tríadas. Hace un par de clases se me plantó firme y me pidió que le enseñara a COMPONER.

Le pasé a la mamá un cd interactivo para la pc con juegos musicales y los instrumentos de la orquesta. Al momento de entregárselo, tuve un flashback. Recordé que, a mis 9 años, ese cd me hizo conocer al "Señor Fagot", y sorprenderme al saber que ningún instrumento melódico abarca el rango del piano.

Su entusiasmo, su capacidad de asombro todavía intacta, su amor por el arte y por sus maestros... todo esto me hizo recuperar muchas cosas que habían caído archivadas en algún baúl.

Gracias a ella recuerdo cada miércoles por qué elegí amar la música.

Agustina aprende de mí. Pero yo aprendo más aún de ella.

domingo, 13 de junio de 2010

La cama I

Levantarme de la cama es un hecho angustioso por varias razones. Algunas de ellas, las desconozco todavía (e iré intentando hacérselas escupir a mi psicóloga). Otras son... dos:


- Soy de sangre azul, y, por lo tanto, soy menos homeoterma que los demás. In spagnolo: el mundo exterior a las frazadas es hostil porque hace mucho frío (en invierno) o está fuera del alcance del ventilador (en verano)


- Sufro buscando qué ponerme porque ya no uso uniforme. Y no sé por qué carajo no puedo superarlo.

viernes, 11 de junio de 2010

Banana con dulce de leche

Dejando momentáneamente de lado el relato minuto a minuto de la crisis existencial que estoy atravesando (ésa que me dice "para qué carajo te pusiste a estudiar música cuando podría haber sido la mejor abogada del barrio"), les paso el rating de mi madrugada de hoy:


Minovio
salió de parranda. Primero asado y luego boliche.

Yo, filtrada, a viernes de una semana olvidable -y sin ganas de depilarme, plancharme el pelo, y probarme todo el placard para igualmente sentirme gorda-, balbuceé casi bradipsíquica un "andá vos nomás"


Pero... ni bien mi príncipe cerró la puerta a sus espaldas, empezó la joda:

- Fui a la verdulería (desde que vivo con él, la verdulera olvidó mi asidua cara, porque, claro, el és carnívorooo)
- Degusté mi brócoli y mi ensalada de cherry con repollo colorado tal como infante yankee en pleno Halloween.
- Y rematé mi guilty pleasure con una banana delicadamente untada con el más puro dulce de leche La Serenísima (hubiese preferido un Ilolay o un San Ignacio, pero sería pedirle demasiado al almacenero de la esquina y a la vida en general)

Me siento un poquito loser, pero bastante, bastante feliz.

viernes, 4 de junio de 2010

Pudor Facebookiano

Será que a mis 27 años ya tengo mentalidad de vieja reaccionaria gorilácea... pero desde que estamos en la era D.F. (Después de Facebook), me pasa de sentarme a webear y sentir un escalofrío cortito cada vez que entro al "inicio" del susodicho cliente http.

Parece que los que idearon el cuadro de diálogo "¿qué estás pensando?", eran un par de herejes masones que intentaban emborracharnos. Y, cuando me encuentro con cosas como "bañando a michi" o "a veces una digna derrota es mejor que la más grande victoria" (y la citan como propia de... ¿¿¡¡¡Borges!!!??), ahí estamos en bajo ese "chill moment" odioso que me parte la nuca.

Pero la cosa empeora cuando encuentro frases del tipo "Te amo Puchi!!! Sos la coshita más arrrmosaaa del mundo, q le vamos a aser!!!!"...

Una mina que escribe frases como ésa, sería, para mí, algo así como una trola de los afectos. Y ojo que nadie podrá decirme que opino bajo una forma de vieja armargada, ya que minovio cumple más que satisfactoriamente sus deberes.

No me decido sobre si me da más pudor el exhibicionismo público o las faltas de ortografía.

Igual, lo que realmente me saca de quicio es la absoluta falta de redacción.

Puedo perdonarte que escribas cosas como "frace" o "aser" o hasta incluso un "haber" (queriendo decir "a ver"); pero que desconozcas el uso de las comas y los puntos, hace que, luego de freírme el cerebro intentando descifrar ese choclo sin orden, tenga ganas de matarte o de iniciar un programa de realfabetización... y hasta te pagaría para que vayas.

lunes, 31 de mayo de 2010

Duda dolorosa. Introducción


Nunca lo conté acá, no al menos linealmente. Pero algo dije sobre tocar el piano. Y no mucho más.

Tengo fotos a los 8 meses sentada en mi sillita de juguete con los auriculares puestos (éstos más grandes que yo). Tengo foto robando cassettes y un recuerdo sobre el misterio enorme que me generaba el equipo de música. En esa época los equipos de música eran aparatos gigantescos, para los cuales debía construirse un mueble que, a mí, me resultaba colosal. Al año y medio de vida, el único estante a mi alcance era el primero, ahí donde estaban los discos de vinilo. Y hasta hoy guardo en mi memoria esas imágenes: las tapas de los discos de Beethoven y Mozart elegidas por sobre las demás.

Mi mamá cuenta que, de bebé, me llamaba la atención la música de las publicidades de televisión.

En mi casa no había instrumentos musicales. Mi abuela paterna era pianista, y aparentemente una muy buena, pero no llegué a conocerla. Sólo la recuerdo vieja y enferma. Mi vieja estudió piano, pero sus padres nunca pudieron comprarle uno. Hoy por hoy, tengo un primo baterista, dos guitarristas y uno trompetista. Mi viejo decía jocosamente que es "un virus que anda por la familia"

Ya en jardín de cinco, en la salita de música de mi escuela había un piano de cola muy hermoso. Cada vez que ese piano sonaba, yo oscilaba entre la fascinación total y el deseo desmedido de que la maestra me dejase tocarlo. Y eso una vez sucedió: un día la maestra dijo que nos dejaba tocar el piano a todos, sólo si pasábamos ordenadamente de a uno y a condición de que, luego de tocarlo, le explicásemos lo que habíamos hecho...

Y ahí estaba yo, haciendo la fila que iba hacia mi turno de tocar el piano. Mi cabeza estallaba de deseo pero también explotaba de tensión: me sentía presionada a "explicar algo" después de tocar. Pero nunca había tocado un piano en mi vida. No sabía lo que iba a sonar debajo de mis dedos y, por lo tanto, no podía inventar, no podía preparar una explicación a priori. Me enfrentaba a lo imprevisible. Quería lograrlo todo: tener el placer de tocar el piano y quedar como la mejor alumna con la mejor explicación. Así que ahí estaba yo, librando una lucha intestina en mi interior por tenerlo todo. Oscilando entre la impaciencia de que por fin llegase mi turno y la necesidad de tener más tiempo para pensar.

Antes que yo pasaron varios. Todos hacían incoherencias y salían rápido del piano, supongo que frustrados por no haber logrado articular una explicación sobre lo que habían hecho, claro. Y ahí seguía yo esperando, queriendo destacarme, necesitando la atención de la maestra y emanando humito de la cabeza. Hasta que llegó el turno de Adrián, hijo de padre músico y compositor.

Adrián tocó todas las teclas, del grave al agudo. Impuso presencia y, al contrario de los demás, se tomó su tiempo para recorrer todo el teclado. Cuando terminó, y frente a la pregunta de la maestra, dibujó esto:


"seño, yo hice un oso que se fue transformando en pajarito"





Un genio. Lo odié. Lo odié todos estos años hasta ayer. Me robó mi momento. Me robó mi explicación. Derrotada, abandoné mi esfuerzo mental que buscaba un speech y simplemente aguardé mi turno. Vergonzosa y sumisa, toqué teclas aleatorias, y, no queriendo robarle tiempo a la seño, no dije nada y me quedé con ganas de más.


No supe ser como él. No supe imponerme y tomarme mi tiempo para hacer lo que deseaba (que era tocar todas las teclas, pero éramos muchos y eso significaba abusar del permiso para que todos pudiéramos tocar) Por pudor, por escrupulosa y correcta, mi primera experiencia con el piano fue algo así como una relación sexual en donde no acabás y te dejan plantada.


Y todavía sigo buscando ese momento que no fue. Por él sigo en movimiento.


miércoles, 10 de febrero de 2010

Aclaración


Sigo siendo incapaz de entenderme con la cámara: sigo robándole fotos a mi-novio para el blog. Por el momento no va a enterarse, ya que tiene prohibida la entrada a este espacio y me aseguré de sacarle la pulserita fosforescente de acceso al mencionado portal hasta nuevo aviso.

Hay un par mías (noten las fotos malísimas), y otras bonitas que le robo con pudor pensando en que pondría otras, realmente de las bellas, pero se las guardo para sus derechos de autor y su flickr y su etc.


Así que ya saben, no roben fotos porque ya vienen robadas desde mí, y yo llegué primero.

Si quieren alguna (ya sé, no pregunten por el banner de apertura), le hacen señales de humo y se las piden a él.

Ah, y a los títulos pedorros se los pongo siempre yo. Soy de terror
.




Mi-novio, Bichito ladrón (esa sería yo, a la izquierda)

Hipérbole

Quelli che mi conoscono... dicen que soy un tanto exagerada. Y por "un tanto" entendemos a sumarle mínimamente un 25% más de sal a lo que actualmente esté diciendo (la idea del porcentaje la puso mi-novio).


Y yo voy a justificarme. Mi ser hiperbólico se debe a:


-Un 10% culpa de Beethoven y su 9na sinfonía metida junto a mí en la panza de mi madre


(un 30% culpa de LA TANADA, desglosada brevemente a continuación):

-Un 10% culpa de mi tía que, por 3min de aire acondicionado apagado dentro del auto... se muere de calor, se muereeee, de calorrrrrrr, ¡¡ay nena por favor encendé el auto!!, me mueroooo, NOS MORIMOS TODOS ACÁÁÁ

-
Otro 10% culpa de la misma clase de tanadas por parte de mi madre (no hay comida para mañana, nos vamos a MORIR DE HAMBRE si no vamos al supermercado YA... claro, mientras mira, por supuesto, el freezer atiborrado de carnes blancas, rojas, verduras congeladas, papas fritas...)

-Otro 10% culpa de mi padre que me decía "yo no sé a quién saliste tan obsesiva", mientras refregaba el piso por tercera vez (hipérbole de disminución) y me explicaba el conflicto shiíta a través de las cruzadas medievales...

-Un 10% culpa de las multinacionales discográficas que lograron hacerme víctima de las "baladas" de "repertorio internacional" (confesión muy cruda, MUY)

-Un 10% culpa de los autos que me frenan a dos metros y me tocan bocina a 90db (¡¡MUERO del susto che!!)

-Un 10% culpa de la inmensidad del mar al que amo con todo mi cuerpo y al cual tengo miedo de ir a morirme.

-Un 10% culpa de todas mis vidas pasadas del siglo XIX.

-Un 10% culpa de mi-novio, el cual se divierte enormemente con ello.

-Un 10% culpa de la ansiedad que me pasa publicidades por abajo de la puerta a-todas-horas-todos-los-días.

-Y un 100% culpa de ser TAN CRONOPIO.